“No hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”, Albert Camus.

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Colombia presenta en esta época la más lamentable y crítica situación por el creciente aumento de personas desarraigadas que deambulan por las principales ciudades del país en busca de vivienda, alimentación, salud y hasta educación y en procura de un trabajo.

Las personas desarraigadas son las mismas que todos conocemos como desplazados por fuerza mayor y merecen este calificativo por cuanto “han sido separadas del lugar o medio donde se han criado o se les han cortado los vínculos afectivos que tenían con ellos”, según lo indica la versión del diccionario de la Real Academia Española. De más de 44 millones de personas que habitan Colombia las estadísticas generales calculan que aproximadamente 4 millones , casi el 9% de la población, se ha visto obligada a desplazarse ante las acciones que realizan los grupos guerrilleros y los paramilitares, también por las acciones de la delincuencia común , por parte de miembros del ejército y la policía y los llamados terratenientes interasados en aumentar sus propiedades y su poder económico. Estas personas han tenido que abandonar su lugar de habitación natural por causas extremas y, por lo tanto, están desarraigadas.
La gravedad de este problema se puede ver claramente con el último dato de las personas desplazadas de manera forzosa que ingresan diariamente a Bogotá, la capital colombiana y que, según las estadísticas, son 150; además por la reciente toma del Parque de la 93 y la carrera 15 para, según ellos, “darle un mensaje al bogotano del norte”.
El organismo oficial de la Presidencia de la República “Acción Social” tiene a su cargo la labor administrativa para atender a estas personas con dinámicas y prontas acciones; esas gestiones son las que deben conducir a unas políticas o programas de amplio contenido social para favorecer a esos desarraigados.
El cuadro de vivencia es dramático para estos seres humanos que vemos todos los días en las calles de las principales ciudades colombianas y en países fronterizos como Venezuela y Ecuador mendigando o pidiendo una ayuda por cuanto en otros tiempos lo tenían todo y hasta más pues vivían en una casa, disfrutaban de extensos terrenos, sus hijos estudiaban en las escuelas públicas de las veredas y corregimientos o en la población más cercana a su lugar de vivienda, cultivaban los productos que deseaban, etc.etc. Ahora no tienen ni siguiera donde dormir y en que laborar, por lo tanto, son desarraigados.
Es por lo anterior que hoy se hace necesario que todos los estamentos nacionales y sobre todo por parte del Gobierno Nacional hagan una verdadera política social para la población desarraigada y, para comenzar, que a esas personas se les brinde la oportunidad de realizar una labor o trabajo productivo y así tendrían que retirarse de las principales vías de las ciudades donde están dando un espectáculo deprimente e inhumano debido a que, como lo afirmó, el escritor y periodista francés Albert Camus, “no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”.

Enviado por: Lolita Acosta/Octava Tribuna

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